El Jardín Descubierto

Krisma Mancía

Soy como tú, digo

desde la rama de un árbol de fuego.

La bondad gime bajo la hiedra

y el olor de hierba se desliza por los rincones del jardín.

Abres con lentitud cada pétalo

hasta hacer sonrojar y sudar

al más degenerado drogadicto de Katmandú.

Toco con mi lengua de mariposa tus largos pistilos

hasta colmar mi nariz de polen

y sumerjo tu talle en los jarrones de cuello alto hasta

        / hacer derramar

la última gota de agua dulce que los marineros desean.

Brillas junto a millares de luces de todos los colores

y eres perfecta. Floreces

escondida dentro de mi sangre

como hachís en medio de los girasoles del Líbano.

Soy como tú.

No soporto la presencia fría del mundo

y sus crueles ausencias.

Me destruye el vértigo que producen las máquinas.

La vida ordinaria pasa subida en un monstruoso tren

y yo me quedo. Me niego abordar ese vértigo horizontal.

Tal vez, porque a esta hora del día,

soy el ser más feliz en la faz de la tierra.

Me detengo a oler tu fragancia,

aferrándome ciegamente a la orilla de la vida.

Soy como tú, te digo,

y tomo el pincel como una varita mágica

y sujeto tu cintura con un alfiler

y te humedezco en el elixir de la felicidad

y te encierro dentro de mis ojos

en ese trance maravilloso

de pasar del amarillo al rojo,

de saltar del reino animal al vegetal,

de resumir la belleza más simple

en el lienzo de la tarde.

Soy como tú. Florezco

y te busco. Te busco y floreces.

Si alguien pudiera verme por dentro

descubriría un jardín.

Salvador Llort (El Salvador, 1943)
Himno a Natura VII
2002-2003
Óleo sobre lienzo
146 x 176 cm.
Donación del artista. Colección MARTE